
En los últimos meses, el término therian comenzó a circular con fuerza en redes sociales y espacios públicos, despertando curiosidad, polémica y preguntas profundas sobre identidad.
Videos virales, debates en programas digitales y reuniones de jóvenes en plazas colocaron este fenómeno en el centro de la conversación social, especialmente en países de América Latina como Argentina.
Pero ¿qué significa realmente ser therian? Lejos de los prejuicios o interpretaciones simplistas, se trata de una vivencia identitaria que, para quienes la experimentan, forma parte de su mundo interno y emocional.

Un therian es una persona que se identifica internamente con un animal real (como un lobo, gato, perro, zorro o felino) no en un sentido biológico, sino en un plano identitario, espiritual o psicológico.
Esta experiencia se conoce como teriantropía y, según quienes la viven, implica una conexión profunda con un animal específico, denominado teriotipo.
En este sentido, los therians reconocen plenamente que son humanos. Sin embargo, sienten que parte de su esencia o identidad está ligada a ese animal, lo que puede manifestarse en pensamientos, emociones, instintos o gestos cotidianos.
Algunas personas incluso describen sensaciones corporales involuntarias, conocidas como “miembros fantasma”, como si su cuerpo percibiera rasgos que no existen físicamente.
Aunque a menudo se los confunde, el therianismo no es lo mismo que otras expresiones culturales o identitarias vinculadas al mundo animal. Por ejemplo, el fenómeno furry se relaciona principalmente con una subcultura artística y creativa, donde las personas diseñan personajes antropomórficos y utilizan disfraces por diversión o expresión estética.
Por otro lado, el concepto otherkin engloba a quienes se identifican con entidades no humanas que no siempre son animales reales, como dragones o seres mitológicos.
A diferencia de estas expresiones, los therians aseguran que su vivencia no es un juego ni un rol, sino una parte integral de su identidad personal.
En Argentina, el fenómeno cobró notoriedad a partir de videos en TikTok e Instagram donde jóvenes aparecen caminando en cuatro patas, usando máscaras de animales, colas o realizando quadrobics, una práctica física que imita el movimiento animal. Estas imágenes, lejos de pasar desapercibidas, generaron millones de visualizaciones y una fuerte discusión en redes.
Además, en ciudades como Buenos Aires, se registraron encuentros de therians en plazas públicas, lo que llamó la atención de transeúntes y medios de comunicación.
Como consecuencia, el tema llegó a programas de streaming y espacios de análisis social, donde se plantearon interrogantes sobre identidad, salud mental y nuevas formas de expresión juvenil.

