
El eco del asesinato en el kilómetro 22 de la carretera a El Salvador aún retumba en Guatemala. Allí, entre asfalto partido y vehículos detenidos en pánico, terminó la vida de Byron Ricardo Ruiz Ruiz, hondureño conocido como “El Negro”, un personaje que, aunque se movía como uno más en el paisaje, arrastró una historia marcada por narcoavionetas, rutas clandestinas y acuerdos peligrosos.
No murió solo. El ataque cobró tres vidas y desató una investigación exprés que en menos de 24 horas ya tenía nombre y rostro del responsable:

Byron Aliu Valencia Pérez, capturado el 12 de febrero de 2025 y ahora sentenciado a 25 años de prisión por asesinato.
Asesinato de Byron Ruiz: cómo capturaron al responsable
La Fiscalía Municipal de Santa Catarina Pinula detalló que el ataque armado no fue producto del azar.
La escena del asesinato evidenció precisión, oportunidad y la capacidad de desaparecer en segundos.

Pero Valencia falló en lo que muchos sicarios logran: huir para siempre. Los fiscales presentaron testimonios, análisis balísticos, cámaras de seguridad y peritajes que convencieron al órgano jurisdiccional.
Un día después del ataque, ya estaba ligado a un proceso por asesinato, con una ruta judicial que avanzó sin titubeos.
Byron Ruiz y su pasado criminal
Ruiz Ruiz no era un desconocido para Estados Unidos. La DEA documentó que entre 2010 y 2017 fue clave en el aterrizaje de narcoavionetas en Olancho, Colón y Gracias a Dios.
Este es un corredor aéreo convertido en autopista del crimen desde Honduras hacia los carteles mexicanos y sudamericanos.
Por esos hechos, lo condenaron a cinco años de prisión en EE. UU. Tras cumplir su pena, regresó a Centroamérica y, según investigadores, recaló en Izabal, donde tejió nuevas alianzas con estructuras que operan en Petén y Chiquimula.
Para las autoridades, su presencia en Guatemala era una mezcla de pasado que no se extingue y negocios que nunca terminan.
Asesinato y destino: por qué su muerte era cuestión de tiempo
Investigadores lo dijeron desde febrero: los enemigos de Ruiz eran más amplios que sus círculos de confianza.
Su rol como brazo operador de carteles lo convirtió en objetivo en varias jurisdicciones.
En el submundo del narcotráfico, donde los pactos tienen fecha de vencimiento y la lealtad es un bien escaso, su asesinato parecía, inevitablemente, cuestión de tiempo.
La carretera a El Salvador solo fue el lugar donde esas cuentas se saldaron.
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La historia sigue abierta
Con la sentencia de 25 años para Byron Aliu Valencia Pérez, Guatemala marca un cierre jurídico.
Pero la muerte de Byron Ruiz reabre interrogantes sobre las rutas hondureñas que siguen activas, los grupos que se disputan territorios en la franja chapina y las alianzas invisibles que conectan a Honduras, México y Sudamérica.
Porque en la dinámica del crimen transnacional, un asesinato no es solo un final: es también la señal de que otros movimientos están por venir.
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