La caída de Nemesio Oseguera Cervantes, máximo líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), no fue producto del azar, sino de un minucioso seguimiento a su círculo más cercano y a las debilidades físicas que lo aquejaban.
El titular de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA), Ricardo Trevilla Trejo, reveló que el rastro de su pareja sentimental, Guadalupe Moreno Carrillo, y la logística detrás de su precaria salud fueron los hilos conductores que permitieron su localización exacta.
El operativo comenzó a consolidarse el pasado 20 de febrero. Según detalló el secretario desde Palacio Nacional, el centro de inteligencia militar logró identificar a un hombre de confianza de Moreno Carrillo, quien la trasladó bajo estrictas medidas de seguridad hacia un inmueble en el poblado de Tapalpa, Jalisco.

En dicho lugar se produjo el encuentro entre el capo y su pareja. El seguimiento no se interrumpió: el 21 de febrero, tras la salida de Moreno Carrillo del inmueble, las fuerzas federales confirmaron que “El Mencho” permanecía en el sitio resguardado por su anillo de seguridad inmediato. Ese mismo día se trazó el plan de asalto que culminaría con el enfrentamiento y posterior deceso del narcotraficante.
Los últimos años de Oseguera Cervantes estuvieron marcados por una batalla interna contra la insuficiencia renal crónica. Esta enfermedad redujo drásticamente su movilidad y lo obligó a refugiarse en las zonas más remotas de la Sierra Madre Occidental.
Ante la imposibilidad de acudir a centros de salud públicos o privados sin ser detectado, el líder del CJNG ordenó la construcción de una clínica clandestina en la comunidad de El Alcíhuatl. Este centro médico, equipado específicamente para tratar su afección renal bajo total hermetismo, se convirtió irónicamente en su mayor vulnerabilidad:
- El flujo inusual de medicamentos y equipo médico hacia la zona serrana alertó a la inteligencia militar.
- El análisis de los recursos destinados a este hospital privado permitió acotar el área de búsqueda entre los municipios de Talpa de Allende y Tapalpa.
Lo que fue diseñado para prolongar su vida terminó facilitando su captura y posterior muerte. La necesidad de asistencia médica especializada y el contacto con su núcleo sentimental rompieron el blindaje que “El Mencho” mantuvo durante más de una década.
Este contraste subraya la paradoja de un hombre que, a pesar de dirigir una de las organizaciones criminales más poderosas del mundo, no pudo escapar de la fragilidad de su propia salud.

